76. Inmigración II: integración, asilo, regularización y convivencia

Mercado laboral, arraigo, asilo, menores, vivienda, escuela y cohesión: lo que funciona, lo que no, y qué aprender de otros países europeos.

Integración Asilo Regularización Convivencia

1. Inmigración y economía: un balance positivo con matices

La inmigración ha sido el principal motor del crecimiento del empleo y de la población activa en España desde 2022: buena parte de la creación de empleo reciente se debe a trabajadores nacidos en el extranjero, que ocupan sectores como la hostelería, la agricultura, la construcción, los cuidados y el servicio doméstico, donde hay escasez de mano de obra. Los análisis del Banco de España y de otras instituciones apuntan a una contribución neta positiva a las cuentas públicas en el corto y medio plazo, por su edad media menor y su alta tasa de actividad, y a un efecto relevante sobre el PIB total, aunque más moderado sobre el PIB per cápita.

Los matices importantes: una parte de los inmigrantes trabaja por debajo de su cualificación (sobrecualificación notable de latinoamericanos y europeos del este), con salarios inferiores y empleo temporal, y hay mayor riesgo de pobreza en hogares de origen extranjero (el riesgo de pobreza de personas nacidas fuera de la UE es significativamente superior). La inmigración puede presionar a la baja ciertos salarios en nichos concretos y aumentar la demanda de vivienda en mercados tensionados, un efecto en el que coinciden diversos estudios, aunque su magnitud es discutida.

La conclusión razonable es que la inmigración laboral es un activo económico cuando hay empleo disponible y buena integración, y puede ser una fuente de tensión cuando coincide con escasez de vivienda y servicios públicos saturados. Hace falta planificación: vivienda, escuelas, sanidad y servicios sociales dimensionados para una población que crece.

2. Arraigo, regularización y el sistema de papeles

El sistema español ha regularizado de forma recurrente a población irregular: seis procesos extraordinarios (el último en 2005, con unas 570.000 solicitudes) y, de forma continuada, vías de arraigo social, laboral y familiar. La reforma del Reglamento de Extranjería (en vigor desde mayo de 2025) agilizó el arraigo, redujo el tiempo de permanencia exigido (dos años para el arraigo social) y creó figuras como el arraigo por formación, con el objetivo de facilitar la inserción laboral de personas con una presencia estable. Se ha debatido y presionado desde diversos sectores por una regularización extraordinaria más amplia, apoyada por la iniciativa legislativa popular de 2024, por organizaciones sociales y empresariales (agricultura y hostelería) y opuesta por la derecha.

Los argumentos a favor: sacar de la economía sumergida a cientos de miles de personas que ya trabajan, aumentar la recaudación y mejorar su protección. Los argumentos en contra: el «efecto llamada» (que algunos estudios de procesos anteriores dudan, y otros sostienen), la desigualdad con quienes esperan en origen o siguieron la vía legal, y la sensación de premiar el incumplimiento. Es un debate legítimo, que debería decidirse con datos y reglas claras, no con consignas.

El sistema de procedimiento administrativo de extranjería adolece de lentitud y problemas de citas, con retrasos que dejan a personas en un limbo y generan mercados informales de gestores. La digitalización y la simplificación son tan importantes como las reformas legales.

3. Asilo y refugio: el sistema saturado

España recibió en 2024 un número récord de solicitudes de protección internacional (en torno a 160.000–170.000), la gran mayoría de ciudadanos latinoamericanos (Venezuela, Colombia, Perú) que entran con visado de turista y solicitan asilo en el aeropuerto o después, un uso del sistema como vía de regularización de facto más que como protección por persecución. La tasa de concesión de estatus de refugiado o protección subsidiaria es baja (por debajo del 15–20 %, con una proporción mayor de protección por razones humanitarias), y los tiempos de resolución son largos (más de un año), con atascos en la Oficina de Asilo y Refugio y en la Audiencia Nacional.

Mientras tanto, los solicitantes tienen permiso de trabajo tras seis meses, lo que conecta asilo con mercado laboral. La combinación de plazos largos y solicitudes con baja probabilidad de éxito genera un coste importante para el sistema de acogida y una percepción de abuso, pero también una dificultad real para quien huye de verdad de una guerra o persecución. Se necesita una vía más rápida y rigurosa que distinga entre quienes merecen protección y quienes tienen un perfil migratorio laboral, ofreciendo a estos otras vías legales.

La acogida de refugiados ucranianos (más de 200.000 personas con protección temporal desde 2022) mostró que España puede responder con rapidez y solidaridad, con permisos inmediatos, acceso a servicios y respaldo social. Fue posible por una combinación de consenso político, sentido de urgencia y apoyo de la UE. Se puede aprender de esa experiencia.

4. Integración: escuela, vivienda y convivencia

La integración es el campo más importante a largo plazo. España tiene, en comparación con otros países europeos, una experiencia relativamente positiva: sin grandes guetos ni barrios segregados de la magnitud de otros países, con una importante proporción de inmigrantes de lengua y cultura próxima (latinoamericanos), y un nivel de conflicto social moderado. Pero hay focos de preocupación: concentración de población extranjera en ciertos barrios y colegios, con aumento de la segregación escolar; dificultades de integración de menores no acompañados al cumplir 18 años; vulnerabilidad de jornaleros agrícolas en asentamientos precarios (Huelva, Almería, Lleida); y el riesgo de radicalización de una pequeña minoría.

Hay fenómenos de racismo y de discriminación, y también una creciente politización de la inmigración. Algunos municipios catalanes y otros de ámbito local con el voto de formaciones antiinmigración muestran que el problema, real o percibido, tiene efectos políticos. La experiencia de otros países europeos (Francia, Países Bajos, Suecia, Alemania) indica que la integración fallida tiene un coste enorme y de largo plazo, y que es más barato prevenirla que corregirla.

Los instrumentos clave son: lengua (castellano y lenguas cooficiales) con cursos gratuitos y obligatorios para quien quiera residir de forma permanente; escuela inclusiva, con reparto equilibrado de alumnos entre centros públicos y concertados; acceso a vivienda no segregada; reconocimiento de cualificaciones; y reglas claras de convivencia comunes a todos, sin excepciones culturales a los derechos fundamentales, como la igualdad de la mujer.

5. Propuesta del taller: un contrato de integración

El taller propone un contrato de integración con derechos y deberes: a cambio de residencia estable y acceso a servicios, el inmigrante se compromete a aprender el idioma, conocer las normas básicas del país, y trabajar o formarse. El Estado se compromete a ofrecer formación lingüística gratuita, reconocimiento ágil de títulos, acceso a vivienda en condiciones no segregadas y un procedimiento administrativo digital y rápido. Se complementa con una política de reparto escolar equilibrado, un plan para asentamientos agrícolas (vivienda digna ligada a contratación en origen) y un programa específico para menores no acompañados con transición a la vida adulta.

Y un principio de claridad política: debatir sobre la inmigración no es xenófobo, y defender a los inmigrantes no es ingenuo. El lenguaje que deshumaniza es inaceptable; el que niega problemas reales es irresponsable. Una sociedad adulta puede hablar de cifras, costes y beneficios sin demonizar a nadie.

La experiencia de ciudades como Barcelona, Madrid o Bilbao, con programas de acogida, mediación intercultural y formación lingüística, muestra que la integración local es viable cuando hay recursos y coordinación entre administraciones, y es en el ámbito municipal donde se juegan la convivencia y la percepción ciudadana. Dotar a los ayuntamientos de financiación específica ligada al número de personas empadronadas de origen extranjero, y no solo de promesas, sería una de las inversiones más rentables en cohesión social.

Idea clave: la integración se decide en la escuela, la vivienda y el trabajo, no en los discursos. Un país con inmigración necesita contrato claro y servicios que lleguen.