65. Sanidad I: el Sistema Nacional de Salud, listas de espera y desigualdad territorial

Un sistema universal, de buen resultado en salud y de gasto moderado, con listas de espera crecientes, 17 servicios de salud y desigualdades visibles entre comunidades.

Sanidad Listas de espera SNS Comunidades autónomas

1. Un sistema que rinde más de lo que cuesta

El Sistema Nacional de Salud (Ley General de Sanidad de 1986) ofrece cobertura universal, financiada con impuestos, y se gestiona desde 2002 por las 17 comunidades autónomas y por INGESA en Ceuta y Melilla. Los resultados en salud son sobresalientes: España tiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo (en torno a 83,5 años), con tasas de mortalidad evitable bajas, un excelente sistema de trasplantes (líder mundial desde hace más de tres décadas con la Organización Nacional de Trasplantes) y un buen desempeño en atención hospitalaria de alta complejidad. Y lo consigue con un gasto sanitario público de aproximadamente el 6–6,5 % del PIB, por debajo de Alemania o Francia.

Esa eficiencia tiene explicaciones: una potente atención primaria, un modelo de médico de cabecera y un buen sistema hospitalario público, una dieta mediterránea y estilos de vida favorables, y un sistema que, durante años, funcionó con recursos ajustados gracias al compromiso de los profesionales. Pero esa fortaleza es también una fragilidad: se ha construido sobre la dedicación y los bajos costes laborales de los profesionales. Cuando esa dedicación se agota, el sistema se resiente.

La pandemia de 2020 puso a prueba al SNS: la saturación hospitalaria, el desbordamiento de la atención primaria y la falta de coordinación entre comunidades fueron visibles, y causaron un impacto devastador en las residencias de mayores. Aun así, el sistema demostró resiliencia, y la vacunación fue un éxito (con una de las tasas más altas de Europa). Los desafíos posteriores son la recuperación de la actividad aplazada, el envejecimiento y la falta de profesionales.

2. Las listas de espera: datos y significado

Según el Sistema de Información de Listas de Espera del SNS (SISLE–Ministerio de Sanidad), a 31 de diciembre de 2025 había 853.740 pacientes en lista de espera quirúrgica estructural, con un tiempo medio de 122 días (dato rectificado; unos 4 días menos que en diciembre de 2024) y un 21,6 % esperando más de seis meses. En primeras consultas externas hospitalarias, la espera media era de 102 días (tasa ~84,4 por 1.000 habitantes). Las cifras varían mucho entre comunidades y especialidades; el Ministerio publica los cortes semestrales en sanidad.gob.es. Las pruebas diagnósticas no siempre se publican de forma homogénea.

Las listas de espera tienen causas coyunturales y estructurales (envejecimiento, más indicaciones técnicas, falta de profesionales, gestión de quirófanos, uso desigual de la tarde, derivación a la privada). Existen garantías de tiempo máximo en algunas comunidades y para ciertos procesos del SNS (p. ej. 180 días en procesos seleccionados), pero el incumplimiento frecuente tiene pocas consecuencias automáticas para el sistema.

El efecto sobre la población es considerable: miles de personas esperan meses o años con dolor, discapacidad o riesgo de empeoramiento. Y hay un efecto de desigualdad: quien puede pagar un seguro privado o una consulta se salta la cola. Unos 12–13 millones de españoles tienen seguro sanitario privado, en muchos casos como complemento por la lentitud del sistema público.

3. Diecisiete sistemas: la desigualdad territorial

El gasto sanitario por habitante varía entre unas 1.400 euros anuales en las comunidades con menor financiación y más de 2.000 en las que más gastan (País Vasco, Asturias, Navarra). Las carteras de servicios complementarias, los calendarios de vacunación, los criterios de acceso a técnicas y medicamentos, los sistemas de información y los salarios de los profesionales difieren. Un ciudadano con una misma patología puede recibir un trato y una espera distintos según su lugar de residencia. La Ley de Cohesión y Calidad del SNS (2003) intentó garantizar la equidad con un Consejo Interterritorial y una cartera común, pero sus instrumentos de coordinación son débiles.

El Consejo Interterritorial adopta acuerdos por consenso con carácter recomendatorio, y el Estado no tiene capacidad de imponer su aplicación, por lo que las diferencias persisten. Los sistemas de información sanitaria no son plenamente interoperables: la historia clínica digital de una comunidad no siempre es accesible por otra, lo que afecta a pacientes que se desplazan. Este es un fallo evidente de cohesión: un paciente enfermo fuera de su comunidad enfrenta obstáculos administrativos que no deberían existir.

La pandemia dejó una lección de coordinación: España aprobó la creación de una Agencia Estatal de Salud Pública y reforzó los mecanismos de vigilancia, pero la implementación es lenta. Un SNS más coordinado requiere reglas comunes de datos, compras agregadas, planes comunes de capacidad y de contingencia, y una autoridad capaz de coordinar en una crisis.

4. Urgencias, medicamentos y tecnología: tres presiones sobre el sistema

Las urgencias hospitalarias son el termómetro de la tensión del sistema: cada invierno, la gripe, la bronquiolitis infantil y otros virus respiratorios saturan servicios que en algunos hospitales trabajan por encima de su capacidad, con pacientes esperando horas en camillas de pasillo. La saturación procede en parte de la falta de camas hospitalarias de agudos y de recursos sociosanitarios para dar el alta a pacientes mayores que no pueden volver a casa, y en parte de la dificultad de la atención primaria para resolver consultas. Una gran proporción de las visitas a urgencias podría atenderse en niveles inferiores, pero el ciudadano acude allí porque lo percibe más rápido y resolutivo, un síntoma de la debilidad del primer nivel.

En materia de medicamentos, España tiene un gasto farmacéutico público relevante, con un crecimiento especialmente intenso en fármacos hospitalarios y terapias innovadoras de alto coste (oncológicos, terapias génicas, CAR-T), que la Comisión Interministerial de Precios financia tras negociaciones lentas y con diferencias entre comunidades en el acceso real. Existen mecanismos de compra centralizada y de acuerdos de riesgo compartido, pero hay margen para ampliar la evaluación de coste-efectividad y para mejorar los tiempos de incorporación de fármacos con valor demostrado. El copago farmacéutico, reformado en 2012, grava a los pensionistas y activos de forma desigual, aunque con topes mensuales, y sigue siendo objeto de debate.

La tecnología sanitaria (diagnóstico por imagen, robótica, inteligencia artificial, historia clínica digital, telemedicina) ofrece oportunidades de eficiencia, pero requiere inversión y reorganización: equipos antiguos en algunos hospitales, diferencias entre comunidades en la renovación de equipos de alta tecnología y escasa evaluación sistemática de su rendimiento. La salud pública y la prevención (vacunación, cribados, lucha contra el tabaquismo, la obesidad infantil y el alcohol) son la inversión más rentable a largo plazo, pero también las más postergadas, porque sus resultados no se ven en una legislatura. Un sistema sanitario sostenible tiene que equilibrar el hospital de alta tecnología con la prevención y la atención comunitaria.

5. Propuesta: tiempos máximos, datos abiertos y gestión eficiente

El taller propone un núcleo de reformas. Garantía de tiempos máximos vinculantes a escala nacional por tipo de proceso (por ejemplo, 90 días para cirugía no urgente, 30 días para primera consulta de especialista, 7 días para atención primaria), con el derecho a ser derivado a otro centro público o concertado si se incumplen. Datos abiertos y homogéneos de listas de espera, publicados mensualmente por centro y proceso. Historia clínica única interoperable a escala estatal. Compra centralizada de medicamentos, tecnología y suministros. Refuerzo de la gestión: mayor utilización de quirófanos por la tarde, con incentivos a los profesionales, y uso eficiente de recursos.

La experiencia internacional (Dinamarca, Países Bajos, Reino Unido en sus mejores periodos) muestra que las garantías de tiempo máximo funcionan si hay capacidad suficiente y si el incumplimiento tiene consecuencias. Sin capacidad, los plazos se incumplen. Por eso, la reforma de las listas debe acompañarse de inversión en profesionales y en infraestructuras.

La eficiencia no significa recorte: significa evitar duplicidades y desperdicios (pruebas innecesarias, ingresos evitables, gestión del medicamento) y reinvertir. Cada euro de gasto sanitario mal asignado es un euro que no se destina a quien lo necesita.

Lectura honesta: el SNS es una joya con goteras. Tiempos garantizados, datos comparables y coordinación entre comunidades son las reformas más importantes y más baratas.