2. Demanda social y partidos

Qué preocupa a la ciudadanía según el CIS (2025–2026) y cómo encaja, a grandes rasgos, con la oferta de los partidos de cara a noviembre de 2026.

CIS Partidos Elecciones 2026

1. Qué mide el CIS y qué no

Los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas miden percepción, no verdad objetiva ni calidad de soluciones. Cuando el CIS dice que la vivienda es el principal problema de España para entre el 37 % y el 43 % de la población (cifras que oscilan entre meses de 2026), no demuestra que la vivienda sea efectivamente el mayor problema, sino que es el que los ciudadanos citan primero. La diferencia importa: el paro puede ser un problema mayor en términos macroeconómicos y aparecer más abajo porque la gente ha aprendido a convivir con él; la inmigración puede sobrerrepresentarse por cobertura mediática en semanas concretas.

Además hay un problema metodológico conocido del CIS en esta etapa: sus estimaciones de voto han sido muy discutidas por diferir sistemáticamente de las de otros institutos, y su dirección ha sido criticada por falta de independencia respecto al Gobierno. Ahora bien, la pregunta sobre problemas (con respuesta espontánea múltiple) es bastante estable y coincide con otros estudios: la jerarquía vivienda, economía, inmigración, política y corrupción no depende de quién dirija el CIS. Es una brújula razonable, siempre que se usen varias fuentes y se evite convertirla en veredicto moral.

Por eso en este taller el CIS se utiliza como indicador de agenda, no de política óptima. Una política puede ser popular y mala, o impopular y necesaria. El papel de las instituciones representativas es traducir demanda social en decisiones con evidencia y con financiación; el papel de los partidos, a menudo, es hacerlo en dirección contraria: elegir los temas que mejor les convienen en lugar de los que preocupan. Entender la distancia entre ambas cosas es el primer paso para evaluar ofertas electorales.

2. Qué pide la sociedad: vivienda, economía cotidiana, inmigración, política

El patrón de 2025–2026 es estable y, por tanto, informativo. La vivienda encabeza los problemas de España en la mayoría de barómetros, impulsada por alquileres que consumen buena parte de la renta de los jóvenes, por la dificultad de acceder a una hipoteca (por ahorro previo, no por tipos) y por una oferta nueva insuficiente. La economía y los precios son muy altos como problema personal, con la cesta de la compra (aceites, alimentación) y la energía como detonantes. La inmigración sube y baja, pero suele estar en el podio: en 2023 y 2024 la llegada récord a Canarias disparó la preocupación, y desde entonces se mantiene como tema estructurante.

La percepción política tiene sus propias oleadas: «los políticos», «el Gobierno» y «la corrupción» fluctúan con los escándalos, y erosionan confianza aunque no siempre lideren lo personal. Sanidad y empleo de calidad aparecen con fuerza como problemas personales: listas de espera, falta de médicos de familia, precariedad, bajos salarios en términos reales. La educación, la seguridad ciudadana o el medio ambiente quedan más abajo, no porque no importen sino porque la gente percibe menos urgencia directa.

Un hecho llamativo es que los tres principales problemas (vivienda, economía, inmigración) dependen en buena medida de políticas de oferta y de gestión de capacidades (viviendas, empleo, plazas de acogida y de integración) que se deciden en distintos niveles: Estado, comunidades autónomas, ayuntamientos y la UE. La percepción pública los atribuye al «Gobierno», pero las palancas están repartidas, lo que facilita el cruce de reproches entre administraciones y diluye la responsabilidad. Esa es una disfunción institucional en sí misma.

3. Traducción a agenda de reformas

Para que la lista de preocupaciones no sea un mero ejercicio demoscópico hay que traducirla a palancas legales. Vivienda: art. 47 CE, legislación urbanística autonómica, fiscalidad estatal y local, Ley 12/2023 por el derecho a la vivienda; «arreglo creíble»: oferta pública y asequible a escala, no solo control de alquileres. Economía y precios: presupuestos, política energética, defensa de la competencia; arreglo creíble: oferta (vivienda, red eléctrica, competencia en distribución y banca) más rentas focalizadas. Corrupción: Código Penal, financiación de partidos, CGPJ; arreglo creíble: plazos, independencia y transparencia de contratos.

Sanidad: competencia autonómica con mínimos estatales débiles; arreglo creíble: listas de espera con garantías de tiempo, formación sanitaria ampliada (plazas MIR, FP sanitaria), coordinación interterritorial real. Inmigración: competencia estatal en extranjería y fronteras, autonómica en servicios sociales y educación, europea en asilo y Schengen; arreglo creíble: vías legales ordenadas, fronteras eficaces, integración laboral y de vivienda y reparto efectivo de menores no acompañados.

Lo primero que revela esa tabla es que ninguna de las demandas principales se resuelve con una sola ley ni en una sola administración. Lo segundo, que las soluciones eficaces suelen ser poco espectaculares: plazos, suelo, plazas, personal, contratos. Y lo tercero, que la oferta política sale mejor parada cuando promete lo simbólico (derogar, prohibir, topar) que cuando promete ejecutar (construir, contratar, tramitar). El votante informado tiene, por tanto, que mirar la capacidad de ejecución y no la intensidad del eslogan.

4. Partidos: encaje orientativo, no ranking moral

Ningún partido es «óptimo» en todos los ejes; la pregunta útil es «óptimo para qué problema». En el eje de vivienda asequible y gasto social suelen estar más alineados PSOE, Sumar, Podemos, IU, ERC, EH Bildu y BNG (con matices importantes sobre mecanismos), mientras que PP y Vox priorizan un enfoque de oferta privada, desregulación urbanística y menos intervención en alquileres. En el eje de menos impuestos, orden y recentralización están más cerca PP y Vox; los nacionalismos periféricos y la izquierda plurinacional quedan en el polo contrario.

En el eje autogobierno y plurinacionalidad destacan ERC, Junts, EH Bildu, PNV, BNG y partes de Sumar, frente a Vox (anti-autonomías) y un PP que oscila según el momento. En el eje república y regeneración simbólica hay una afinidad de izquierdas y nacionalismos, frente a PP, Vox y el sector institucional del PSOE. El eje de software libre y soberanía digital tiene poco protagonismo electoral, aunque aparece en programas de izquierdas y verdes y en agendas técnicas. En corrupción, todos la denuncian en la oposición; la credibilidad depende de los casos propios y de lo que se hace desde el poder.

Esta cartografía es gruesa y deja fuera dimensiones como la política exterior (UE, OTAN, Ucrania, Gaza), el feminismo y las leyes de igualdad, la energía nuclear o la política migratoria, en las que las coaliciones se reordenan. También ignora que los partidos pueden tener posiciones de campaña distintas a las de gobierno. Lo recomendable es leer los programas completos cuando se publiquen, comparar con lo que hizo cada formación cuando gobernó (estatal o autonómicamente) y descontar el exceso de promesas imposibles.

5. Coaliciones posibles y su coste de oportunidad

El mapa parlamentario actual (muy fragmentado, con partidos territoriales como bisagras) hace que cualquier mayoría de gobierno dependa de socios con agendas distintas de la nacional. Una coalición social-vivienda (PSOE más Sumar, con socios territoriales) tiene afinidad en gasto social, pero sufre tensión con la regeneración institucional y con las exigencias financieras de ERC, Junts y PNV. Una coalición orden-impuestos-recentralización (PP más Vox) tiene afinidad en seguridad, fiscalidad y modelo territorial, pero choca con las comunidades que gobiernan y con el gasto en vivienda pública.

El efecto en políticas es contraintuitivo: los partidos pivotes se llevan a menudo recursos y competencias a cambio de apoyo, y el resultado agregado es un Estado cada vez más asimétrico y negociado, con transferencias que no pasan por el debate público de presupuestos. Es una consecuencia directa del sistema electoral y de la fragmentación, no de la maldad de nadie. Un gobierno estable de «gran pacto» entre los dos grandes partidos existe en Alemania y Austria; en España ha sido tabú, por razones de cultura política y de competición entre bloques.

No existe un partido único «óptimo». El óptimo ciudadano sería un pacto de mínimos en vivienda, CGPJ, financiación autonómica y digitalización que hoy la polarización hace casi imposible. La tarea realista de los ciudadanos es presionar desde fuera: exigiendo plazos, transparencia y resultados, no adhesiones tribales.

6. Polarización, desinformación y calidad del debate

La polarización no es un adorno: determina qué reformas son posibles. Cuando cada medida se juzga por quién la propone y no por lo que hace, los acuerdos transversales se vuelven imposibles. Las redes sociales, los medios con línea editorial muy marcada y la desaparición de espacios de debate no hostiles contribuyen. A ello se suma que la clase política tiene incentivos para mantener enemigos externos (el otro bloque, Bruselas, los nacionalistas, «la derecha extrema») como mecanismo de cohesión interna.

La desinformación empeora el diagnóstico: cifras de inmigración e inseguridad que circulan sin contexto, comparaciones simplistas entre comunidades, exageraciones sobre el coste de las instituciones, bulos sobre ayudas y prestaciones. La mejor defensa no es la prohibición sino el acceso a datos fiables y la educación mediática. De ahí que las fichas del taller insistan en usar fuentes públicas (INE, Banco de España, AIReF, Tribunal de Cuentas, Eurostat) y desconfiar de cifras sin fuente.

Esta es, además, una de las razones por las que el taller propone un «poder vigilante» de periodismo independiente (ficha 6): si la esfera pública depende de plataformas privadas y de partidos, la calidad del debate es un bien público desatendido. Que se esté de acuerdo o no con la fórmula, el problema que busca resolver es real. Y lo es con independencia del color político de quien gobierne: cualquier Ejecutivo agradece una prensa dócil y sufre una prensa inquisitiva, de modo que la protección del periodismo no puede depender de la buena voluntad de quien ocupa La Moncloa en cada momento.

7. Cómo usar esto en el taller

Una forma práctica de usar la ficha es hacer un ejercicio de tres pasos. Primero, elige tres prioridades personales entre las que aparecen aquí (vivienda, corrupción, sanidad, inmigración, software libre, independencia judicial…). Segundo, localiza qué nivel de gobierno actúa (Estado, CCAA, ayuntamiento, UE) y qué artículos de la Constitución o del Estatuto correspondiente lo regulan, para lo que sirve el visor de textos legales. Tercero, anota qué hace cada partido que quiere tu voto en ese terreno, con hechos y no con titulares.

El segundo ejercicio es de contraste: lee los programas oficiales de 2026 en cuanto estén disponibles, subraya lo que sea cuantificado (euros, plazos, plazas) y descarta lo que sea sólo retórica. Un programa serio dice cuánto cuesta, quién lo hace y cuándo; uno flojo dice «garantizaremos». Compara además con lo que ese partido prometió y no cumplió la vez anterior, porque la credibilidad es un activo político medible.

Un último consejo, incómodo: acepta que probablemente ningún partido cubra todas tus prioridades, y que votar es siempre un acto de elegir entre paquetes imperfectos. Eso no es resignación, es madurez política. La responsabilidad de exigir mejor oferta recae también en el electorado.

Conclusión práctica: si el criterio es «lo más demandado por la sociedad» (vivienda, economía cotidiana, sanidad y empleo), el programa ganador no es el que más habla de monarquía o de borrar autonomías, sino el que entregue vivienda y servicios con financiación creíble y sin corrupción.