44. El modelo productivo: turismo, servicios y el techo de la productividad

Por qué España crece más que sus vecinos pero no converge en renta por habitante, qué papel juega el turismo y qué cambios harían el modelo más resistente.

Productividad Turismo Empleo Estructura productiva

1. Crecimiento sin convergencia

España ha crecido en 2023–2025 por encima de la media de la eurozona, impulsada por el turismo, el consumo, el empleo y la entrada de población extranjera. Sin embargo, la renta per cápita sigue en torno al 85–90 % de la media de la UE, y apenas ha convergido en las últimas dos décadas. La razón principal es una productividad por hora trabajada inferior a la de los países del norte y del centro de Europa, y que lleva años estancada. Crecer porque se suman trabajadores (más gente trabajando) no es lo mismo que crecer porque cada trabajador produce más.

Parte de la explicación es la composición sectorial: un peso elevado de hostelería, comercio, construcción y servicios intensivos en mano de obra y de bajo valor añadido. Parte es el tamaño empresarial: más del 95 % de las empresas son microempresas, con dificultades para invertir en tecnología, exportar o innovar. Parte es el capital humano: aunque la tasa de universitarios es alta, hay desajuste entre la formación y las necesidades del mercado, un abandono escolar elevado y una débil formación en el puesto de trabajo.

Otro factor es la asignación de recursos: empresas poco productivas sobreviven por falta de competencia o por trabas a la salida, mientras que empresas muy productivas encuentran dificultades para crecer por regulaciones que cambian según el tamaño (umbrales de 50 trabajadores, cargas administrativas). El resultado es una economía con muchas empresas pequeñas y pocas medianas y grandes, que son las que más invierten, exportan y pagan mejores salarios.

2. El turismo: motor, ancla y riesgo

España recibió en 2024 más de 93 millones de turistas internacionales y se acerca a los 100 millones en 2025, solo por detrás de Francia. El turismo aporta en torno al 12 % del PIB y a más de 2,5 millones de empleos directos e indirectos. Es una de las industrias en las que España es líder mundial por conocimiento, infraestructuras y marca. Financia buena parte del déficit comercial de bienes y sostiene regiones enteras (Baleares, Canarias, la costa mediterránea) que de otro modo tendrían una economía muy frágil.

Pero la dependencia tiene costes. Primero, empleo estacional y salarios medios inferiores a la media nacional. Segundo, presión sobre el territorio: vivienda, agua, residuos, movilidad, precios locales y conflicto vecinal en Barcelona, Palma, Málaga, Canarias y otros destinos. Tercero, vulnerabilidad cíclica: una crisis sanitaria, una subida del precio del petróleo o un cambio de tendencias puede golpear con fuerza. Cuarto, riesgo climático: olas de calor y sequía reducen el atractivo estival y encarecen el agua.

La estrategia razonable no es «menos turismo» sino «más valor por turista»: desestacionalizar, atraer mayor gasto por visitante, mejorar la calidad del empleo, concentrar la inversión pública en infraestructuras que sirvan tanto a residentes como a visitantes, y aplicar tasas turísticas bien diseñadas que financien servicios locales. El turismo de masas barato y concentrado es el que genera más fricción y menos beneficio.

3. Industria, exportaciones y sectores de valor añadido

España no es solo sol y playa: es uno de los mayores productores de automóviles de Europa, tiene una industria agroalimentaria potente, empresas líderes mundiales en infraestructuras, energía renovable, banca, moda, farmacia y servicios avanzados, y exporta bienes y servicios por más del 35 % del PIB. Las exportaciones han ganado peso en las dos últimas décadas, con una internacionalización notable de empresas medianas. Hay ejemplos de clústeres con alto valor (aeroespacial en Andalucía y Madrid, naval en Galicia, biotecnología en Cataluña y Madrid, energía en Euskadi y Castilla y León).

El reto es multiplicar esa base. Se necesitan: financiación para empresas en crecimiento (el sistema financiero español es bancocéntrico, con un mercado de capital riesgo todavía pequeño), conexión entre universidad y empresa, políticas de contratación pública que premien innovación, y simplificación de trámites para escalar. Las políticas industriales de gran escala (PERTE del chip, del vehículo eléctrico, de la salud) tienen potencial, pero requieren ejecución rigurosa y evitar subvenciones sin condiciones.

También es necesario apoyar la transformación de sectores tradicionales: agricultura de precisión, turismo digitalizado, logística, construcción industrializada, comercio electrónico. La digitalización de pymes ha mejorado con el Kit Digital, pero su impacto real en productividad está por demostrar.

4. Capital humano y empleo: la cara humana del modelo

La tasa de paro ronda el 10–11 %, la más alta de la UE junto con Grecia en términos estructurales, y el paro juvenil se sitúa por encima del 25 %. A ello se suman la sobrecualificación (muchos titulados trabajan en empleos que no requieren su formación) y la infracualificación (muchos jóvenes sin estudios postobligatorios). La temporalidad ha bajado con la reforma laboral de 2021, pero la precariedad se manifiesta en contratos fijos discontinuos, jornadas parciales involuntarias y salarios reales estancados en términos de poder adquisitivo.

La migración aporta fuerza de trabajo en sectores con escasez (agricultura, cuidados, hostelería, construcción), y es parte del motor del crecimiento reciente. Pero también plantea retos de integración laboral, reconocimiento de cualificaciones y vivienda. Un modelo productivo que depende de mano de obra barata es un modelo frágil, y uno que sustituye la innovación por más horas de trabajo no mejora el bienestar.

El sistema educativo y formativo es la palanca clave: FP dual, formación continua, cualificación digital y de idiomas, orientación laboral y colaboración con empresas. Los países con mejores resultados invierten en formación a lo largo de toda la vida y combinan incentivos fiscales con obligaciones de las empresas.

Asimismo, el envejecimiento de la población activa agrava la necesidad de aumentar la productividad por trabajador.

5. Propuesta del taller: cinco palancas

El taller propone cinco palancas para mejorar el modelo productivo. Primera, energía barata y fiable (fichas 51–53), condición necesaria para la industria. Segunda, vivienda asequible cerca de los empleos (fichas 47–50), para facilitar la movilidad laboral. Tercera, tamaño empresarial: eliminar umbrales regulatorios disuasorios, facilitar fusiones y crecimiento y mejorar el mercado de capitales para pymes. Cuarta, formación y FP dual con compromisos de empresas. Quinta, competencia y simplificación: menos regulaciones superpuestas y más competencia en servicios protegidos.

Ninguna de estas medidas es espectacular, pero la acumulación de pequeñas mejoras determina el crecimiento a largo plazo. La política industrial debe ser estratégica y selectiva, con evaluación independiente de resultados. La apuesta por «grandes proyectos» que no se terminan, o por sectores a los que se arrastran subsidios sin visión, es un riesgo conocido.

Primera, energía barata y fiable, con redes y almacenamiento; segunda, vivienda accesible para atraer y retener talento; tercera, simplificación administrativa y menor fragmentación regulatoria; cuarta, formación y reconversión profesional ligadas a las necesidades de las empresas; quinta, crecimiento de las pymes mediante incentivos fiscales y acceso a financiación, de modo que ganen escala y capacidad de innovar. Complementariamente, una política de I+D estable, con colaboración entre universidades y empresas, y una mejor aplicación de la competencia en los mercados protegidos, ayudarían a superar el techo de productividad. Ninguna medida basta por sí sola, pero juntas pueden cambiar la trayectoria.

Lectura honesta: el modelo español genera empleo y crecimiento, pero no suficiente productividad. Sin mejoras en energía, vivienda, tamaño empresarial y formación, el techo de renta no se mueve.